Me ha encantado el post que acabo de leer en
a desgana así que lo copio tal cual, eso sí invitándote a que te des una vuelta por el original al que puedes llegar desde
aquí
¿Qué pasaría si extrapoláramos nuestra profesión (diseñatas, creativos y gente de mal vivir) al maravilloso mundo de la hostelería? Pues podrían llegar a suceder cosas como estas:
Escena 1:
Cliente: me va a poner 3 cubatas. Uno con limón, otro con cocacola y el tercero se lo dejo a su gusto. Para que me sorprenda.
Camarero: …
Cliente: Eso sí, solo le pienso pagar uno.
Camarero: …
Cliente: Y me reservo el derecho de regatear el precio.
Escena 2:
Cliente: mézcleme el vodka, con ginebra y con whiskey y al resultado añádale un poco de limón, una aceituna y algo de bitter.
Camarero: Pero eso, además de tener un sabor horrible, le va a sentar fatal caballero.
Cliente: Es igual, yo lo quiero así.
En este último caso, el cliente -tras el oportuno lavado de estómago- se quejaría siempre del cocktail que pidió y acusaría al camarero de no hacer bien su trabajo. Eso sí, si el camarero se negara a preparar semejante bomba y le ofreciera otro cocktail sabroso y cuyo sabor fuera mundialmente reconocido, el cliente cabreado se marcharía a otro bar donde le preparan lo que él pidiera.
Fijo.
A esta lista sumaria los maravillosos concursos a los que nos tenemos que enfrentar.
Escena 3:
Cliente: vengo de los otros 3 bares que hay en la zona. Ha todos les he pedido que me preparen unas bravas, a usted también se lo pido, luego probaré todas y me comeré (y pagaré) las que más me gusten
Camarero:Y mis costes…
Cliente: Si quieres venderme tus bravas ya sabes lo que toca
Camarero: …
Cliente: Y es posible que de los que menos me gusten me lleve algunas cosas para mejorar las que quiera pagar, el salero, palillos, servilletas, …
Que triste señor, pero que cierto