
“Para que un producto triunfe debe tener un nombre atractivo”. Una máxima totalmente minimizada hoy, ahora, cualquier nombre horroroso, mientras se apoye en una prescripción científica, puede lograr el éxito saltándose todos los estudios realizados sobre “naming”. En alimentación [yogures] podemos encontrar muchos ejemplos.
Pero es en la cosmética donde, en mi opinión, se ha conseguido la cuadratura del círculo. Después de la década dorada del Aloe Vera, incluido en cualquier crema que se precie, incluso en algún alimento, aparece el producto estrella de la nueva era: el Extracto de Baba de Caracol.
Su irrupción en el mercado ha sido brutal, y en pocos meses ha pasado de promocionarse en los espacios más bizarros y nocturnos de la televisión y la prensa, a tener sus propios spots en prime time, con modelo caucásica incluida, y venderse en farmacias y supermercados sin cambiar su denominación.
Una aportación regenerativa de la naturaleza que nos hace reflexionar sobre la propia regeneración natural del marketing.
¡Viva la baba!