Si todas las armas fuesen tan inofensivas… Bueno eso sin contar lo peligrosas que resultarían éstas de
chocolate para gente con altos índices de colesterol, tensión y “marrones” de salud varios, para las que de verdad podrían convertirse en “bombas”.
Así que cuidadín con los excesos chocolateados ehhh, aunque es que están tan ricos…
Son de una pastelería de Inglaterra y no me encantan, ¡me requeteencantan! Epi, Blas, Triqui, La Rana Gustavo, La Gallina Caponata… Ay, qué tiempos aquellos…
El caso es que dicen que “con las cosas de comer no se juega”, pero se hacen muchísimas cosas además de comerlas…
Ahora por ejemplo acabo de descubrir ésto de
escribir con chocolate. Frases, expresiones o lo que sea, a base de “chocolatazos”. Algunos tienen un agujero, que son los que dejan espacios y otros son planos, que son los que pintan. “Quiere decirse”, el kit completo.
Sólo es un proyecto de
Jamie Wieck ésto de “díselo con
chocolate“, así que no sé si algún día recibiré una cajita con bombones y una frase escrita…
Lo que no quiero es pensar en el sobeteo para escribir la “puñetera frasecita”, porque yo es que así no me como los chocolatitos ni de coña, que no que no.
Tarta o
pastel, qué más dá si en realidad lo importante es que simula una máquina arcade de
Pac-Man con todo lujo de detalles.
Por la banda de felicitación de abajo, parece ser que se preparó con motivo de un cumpleaños y supongo que el/la cumpleañer@ será un “pacmaníac@” porque si no no tendría mucho sentido, claro…
¿Ves? A mi no me regalarían una de éstas, para mi… algo más… como un plato de
lentejas, pero en dulce.
Acabo de terminar de comer y me encuentro con ésto… ¡mmm, una casa hecha de galleta! ¡Qué pinta tiene por Dios! Es tan mona…
No me digáis que no sería un detallazo hacer una casita de galleta para San Valentín… Eso sí, antes de ponerse “manos a la obra” hay que lavárselas muy muy bien, las manos digo, porque lleva un sobeteo “de padre y muy señor mío”.
Ay…, es tan preciosa con su chimenea, su ventanita, su puerta decorada… y la valla, la valla “es tannn entrañable…”
¡Qué vértigo dá pensar en estos dinerales, hablando de un
pastel de boda!
El precio del pastelazo es de 1,3 millones de dólares, 3.125$ por porción en una boda de 360 invitados. Zafiros y kilates y kilates de diamantes tienen la culpa de “este salvajismo” que, como se ve en la foto, es para disfrutar desde una vitrina porque ¿os imagináis el disgusto que supondría comerse un diamante?
¡Madre del amor hermoso! Y lo peor de todo es imaginarse a
la novia corriendo detrás del culpable, llorando como una loca porque el pastel ya no está completo… ¡Ufff!