Y como un San Valentín si corazón es como un jardín sin flores, aquí tenéis… chá chánnn… ¡La tarta del corazón en llamas! En realidad lo que se vende es el dibujo, que se pone sobre la
tarta y deja al autor de la misma como si fuera todo un maestro pastelero o un artista, vamos.
Parece un poco “macarrón de la isla”, pero el amor nos mantiene “con el corazón en llamas”, ¿no? ¿O era “con el corazón en un puño”? ¿O qué?
Acabo de terminar de comer y me encuentro con ésto… ¡mmm, una casa hecha de galleta! ¡Qué pinta tiene por Dios! Es tan mona…
No me digáis que no sería un detallazo hacer una casita de galleta para San Valentín… Eso sí, antes de ponerse “manos a la obra” hay que lavárselas muy muy bien, las manos digo, porque lleva un sobeteo “de padre y muy señor mío”.
Ay…, es tan preciosa con su chimenea, su ventanita, su puerta decorada… y la valla, la valla “es tannn entrañable…”
Esto es demasiado trabajo para mi, pero quedan tannn monas…
Podría ser un
homenaje a la pintura pastel, no sé, pero tiene mérito hacerlas y también fotografiar el “
paso a paso“con esa precisión, esos súper macros y esa santa paciencia.
En fin que dá pena pensar en comérselas, pero como no voy a ser yo quien les hinque el diente, sólo miro las fotos y ya.