Sólo hay que calentarlas en el horno y listas para comer. Miden 10 cm de diámetro, o sea que deben parecer bueyes de mar con pelo muy negro o algo así…
No sé si servirían como entrante o como plato final, por aquello de que si se prueban antes igual ya no sigues comiendo… Pero vamos que sabrá a pollo como todo “lo raro” que no sabemos decir a qué sabe, así que en ese caso yo prefiero comerme un muslito de pollo a una pata de tarántula. Total, para que sepan a lo mismo…
Esperar el autobús debajo de un
tostador gigante seguro que se hace bastante raro, pero… ¿Y lo crujientes y en su punto que van a quedar “las gentes” si el autobús no se retrasa?
Claro que si llega tarde y se
tuestan más de la cuenta…
Celebrar “los casorios” con una
tarta de estas características debe de ser… ¿Un show…? Éso como poco, seguro… La música del “momento sí quiero”, no me la quiero ni imaginar…